lunes, 15 de septiembre de 2014

MIS ANTECEDENTES CORNUDOS
POR QUÉ CREO QUE SOY UN


CORNUDO
Un anónimo lector del blog nos envía un interesante escrito sobre sus antecedentes cornudos. Como era un escrito muy largo, he hecho una síntesis y he reescrito algunos trozos.
        Acabo de leer el artículo titulado “El comienzo de mis aficiones cornudas”, en el que se habla como una persona empezó en este mundo cornudo  viendo a una tía suya más o menos desnuda por casa y jodiendo alguna vez, y cómo eso pudo ser el desencadenante de su futura vida cornuda.
        Mi caso es parecido, solo que en lugar de mi tía era mi madre.
        Mis padres se separaron cuando tenía 16 años y yo me quedé con mi madre. Desde mi despertar sexual procuraba ver a mi madre en los momentos de vestirse y desnudarse, me gustaba mucho verla ligerita de ropa.
 
        De vez en cuando la veía  maquillándose en el cuarto de baño, cosa que hacía solo con ropa interior para no mancharse. Cuando la veía me excitaba mucho e intentaba verla lo más posible. A medida que fui creciendo me gustaba verla cada vez más.
 
        Procuraba entrar un momento en el baño cuando estaba ella, diciendo que iba a pasar un momento para coger alguna cosa. No me decía nada, (imagino que pensaba que yo era demasiado pequeño como para pensar en cosas sexuales) ella seguía maquillándose y yo aprovechaba el tiempo para mirarla rápidamente  desde todos los ángulos sin que se diese cuenta.
        Lo que más me gustaba y más me excitaba era verla con los tangas que le dejaban todas las nalgas libres, como si no llevase nada y también sin sujetador, con las tetas al aire.
        Cuando me la meneaba pensaba en lo deseable que estaba en tanga y sujetador. Lo curioso del caso es que no pensaba en  joderla, sino que lo que quería era volver a verla otra vez en ropa interior.
        Mi madre, poco a poco, empezó a usar ropa bastante atrevida en numerosas ocasiones. Utilizaba pantalones muy ajustados que le marcaban mucho el coño. Yo miraba y miraba y mi picha se ponía tiesa y dura. Por la noche me la meneaba en la cama pensando en lo cojonuda que estaba.

 
        Con ciertos vestidos también estaba buenísima y cada día me gustaba más verla con esa ropa tan atrevida, lo que pasa es que fundamentalmente se la ponía los fines de semana, cuando salía por la noche con las amigas. 
 
        Los fines de semana eran grandiosos para mí, pues veía a mi madre arreglarse en tanga y con sujetador o sin él, a veces la veía vestirse, y en ocasiones no se ponía ropa interior, iba solo con el vestido encima, vestido con el que estaba buenísima y finalmente me hacía unas pajas que me sabían a gloria. Y como siempre solo pensaba en lo buena que estaba mi madre y en volverla a ver medio desnuda o desnuda del todo,  nunca en la posibilidad de metérsela.
 
        De repente todo cambió para mejor. Y cambió una noche en que estaba durmiendo y me despertó un ruido rítmico unido a una respiración especial. Me levanté y con mucho cuidado fui hacia donde provenían los ruidos. Mi sorpresa fue mayúscula: vi a mi madre jodiendo. Estuve mirando un poco de tiempo y me marché antes de que terminasen por temor a ser descubierto.
 
Me impactó mucho verla abierta de piernas y a un hombre encima de ella. Pero lo que más me impactó fue ver la polla de él entrando y saliendo de su coño.
 
 Enseguida comprendí los “arreglos  cuando salía “con las amigas”  los fines de semana.  La paja que me hice fue grandiosa, pensando en lo que acababa de ver. ¡Qué ganas me entraron de volver a verla! Pero seguía sin pensar en joderla.
 
        A partir de entonces mi disfrute aumentó. Cuando la veía arreglarse me excitaba más pensando en para qué se arreglaba y lo que iba a pasar esa noche y que casi seguro que yo iba a ver, pues venía a joder a casa, y yo “tenía preparado” todo para poder ver tan magnífico espectáculo.
 
        Otro momento grandioso fue una ocasión en que estaba colocada  en una posición tal que cuando el hombre que la jodía terminó y se levantó pude verla toda espatarrada y su afeitado coño chorreando leche.
 
Lo que me ocurre hoy con mi esposa es muy similar a aquella situación: me encanta ver como se arregla y me encanta ver lo buena que está. Me excito solo con verla sabiendo que se arregla para joder con otro hombre. Me gusta mucho más ver como jode con otros que joderla yo. Me encanta ver como la polla de otro sube y baja dentro de su coño. Y me gusta mucho ver como sale de su coño la leche que le han echado. ¡Ah! También me gusta que lleve el coño afeitado ¿No es el parecido asombroso?
        Seguí excitándome viendo a mi madre hasta que tuve 18 años y me fui a otra ciudad. Cuando volvía a casa volvía a verla en tanga, con las tetas al aire, jodiendo con sus amigos, saliendo leche de su coño y a ella desnuda después de joder. No sé porqué pero ese era un aspecto que antes no había apreciado. Mi madre estaba buenísima y con todas estas visiones mi polla (ya no era mi picha pues me había crecido) se ponía tiesa  y dura y me desahogaba haciéndome una paja o jodiendo con alguna chica mientras pensaba lo que había visto en casa.  En cuanto pensaba en mi madre, tanto en lo que había visto o en lo que imaginaba, mi excitación se disparaba
 
        La diferencia entre entonces y ahora  está en que a mi esposa se la meto y a mi madre no se la metía ni tenía ganas de hacerlo. ¿Qué esta situación de ahora tiene su origen en aquella que viví en mi adolescencia? Posiblemente. Hay circunstancias que despiertan en nosotros ciertas apetencias o tendencias. Creo que mi madre despertó en mí las apetencias cornudas y lo que yo empecé a hacer y sentir con ella lo sigo practicando ahora con mi esposa. En la vida cornuda que llevo ahora todo lo que me excita y me gusta de mi esposa es lo que me gustaba y excitaba de mi madre. ¿Casualidad? ¿Coincidencia? Creo que no.
 
 
 
 


jueves, 11 de septiembre de 2014

¿POR QUÉ DAR POR CULO A MI MARIDO?
         Un amigo del blog nos envía este texto que me parece interesante  ya que se habla  sobre un tema poco tratado en las relaciones cornudas.
         Leyendo un artículo titulado  "Cosas de mi esposa: el macho perfecto", he leído que una de las cosas que querían de su macho era que estuviera  dispuesto a que su maridito le chupara la polla y a joderlo por el culo.
 
         Veras, mi mujer tuvo una época que cada vez que follábamos le encantaba darme la vuelta y ponerse encima de mí, como si me quisiera meter algo por el culo. Otras veces directamente cogió objetos y me los trataba de introducir por el ano. Eso la excitaba. 
 
         Otra cosa que hacía era coger una pequeña pollita de juguete que la regalaron en su despedida de soltera y ponerla para que los dos la chupáramos. Luego la cogía y me la introducía por el culo.
 
         Una cosa más que le gustaba hacer era ponerme tumbado boca abajo, coger muñecos de peluche y ponerlos encima de mi culo como si me estuvieran follando.
 
         Siempre me he preguntado qué era lo que pretendía con eso. No sé si se imaginaba que había un tercero con nosotros que lo hacia con los dos, o le excitaba la idea de que otro tío me follase. Lo que me gustaría saber es, si dada vuestra experiencia, sabéis si  las mujeres que son infieles tienen la fantasía de que su marido es sometido y follado por su amante, como un signo de dominación de ella hacia su marido. 
         Sobre si las mujeres infieles tienen la fantasía de que a su marido le dé por culo su amante, tengo que decir que no tengo datos ni conocimientos como para contestar de una manera rotunda y definitiva. Mi experiencia en este terreno es casi nula.
         Que una mujer se ponga una polla de plástico y dé por culo a su marido es algo “normal”.
         Pero ¿por qué lo hace? Puede ser por varios motivos o una mezcla de ellos. Los humanos hacemos las cosas por motivaciones que son muchas veces muy complejas, y las actividades sexuales no se quedan atrás.
         En ocasiones al hombre le gusta que le metan algo por el culo cuando está jodiendo o está muy excitado, pues de esa manera se le estimula la próstata y el placer es mayor.
 En este caso la esposa le da por culo mientras le hace una buena paja o se la hace él. El placer que se obtiene es muy grande.
Desde luego que hay esposas que no obtienen mucho placer con esta práctica y lo hacen para dar gusto a su marido.
          Pero estos artilugios se apoyan sobre el clítoris de la mujer y en muchas ocasiones la esposa obtiene una buena dosis de placer, y si su marido también lo obtiene pues mira que bien, los dos disfrutan.
         A todo lo que hemos dicho se le puede añadir algo que ya usted ha apuntado: que para la esposa dar por culo a su marido sea un acto de dominio por parte de ella y de  humillación para él. Que a la esposa le guste humillar a su marido no quiere decir que le sea infiel ni que sea una pareja cornuda. Hay mujeres que piensan que en cuestiones de sexo “Aquí mando yo”
          Pero si es una pareja cornuda y a ambos les gusta que la esposa humille al marido, esto de darle por culo es una de ellas, pero hay que darse cuenta que el corneador no tiene sitio en esta situación, ya que es a la esposa a la que le gusta humillar al esposo dándole por culo: metiéndole la polla de plástico.
         Cosa diferente es que a la esposa le guste humillar a su marido  haciendo que el macho que se la mete a ella también se la meta a su marido. Pero en este caso a la esposa solo le gusta observar como su macho da por culo al marido y le somete a una fuerte humillación. Ella no actúa.
         Resumiendo. No hay ninguna relación entre la infidelidad, ni entre ser esposa de una pareja cornuda, y que le guste “darle por culo” a su marido.
         Los motivos por lo que lo hace pueden ser variados, y posiblemente sean una mezcla de ellos.
         Que cosas nos excitan varía mucho de unas personas a otras y realmente no se sabe el origen ni la causa de “esos gustos”. Lo que para mí puede ser muy excitante, para otro puede ser una tontería, y hay mujeres para las que solo pensar en que al marido ella, u otro hombre, le puede dar por culo les excita mucho. ¡SOBRE GUSTOS NO HAY NADA ESCRITO!  o ¡PARA GUSTOS ESTÁN LOS COLORES!


martes, 2 de septiembre de 2014

CONFESIONES DE UN MACHO CORNEADOR
            Soy un buen corneador. Jodo con todas las mujeres que lo desean, pero me encantan las mujeres con curvas, para mí hay algo muy atractivo en ellas.
Pero especialmente atractivo es cuando me ofrecen sobre todo su coño, coño que niegan a su marido o que se lo ofrecen de muy tarde en tarde.
 
 Yo les doy un placer que sus maridos no pueden, mi polla es grande, llena todos los huecos de su coño y llega dentro, muy adentro.
 
            Muchas veces participa el marido, pero quien la jode siempre soy yo. El marido se limita a mirar, a tocarla, a dejar que ella se la menee, a chupar su coño lleno de leche o chuparle cuando tiene mi polla metida.
 
            Que el marido se baje a limpiarla de mi esperma es muy frecuente, hay muchos maridos que para ellos este aspecto es fundamental. Es tan fundamental que en muchísimas ocasiones en que hemos jodido con preservativo, han vaciado éste en el coño de su esposa para acto seguido comenzar a limpiarla.
            He de confesar una cosa. Lo que más me gusta y lo que más me excita es saber que estoy jodiendo a una mujer casada, a la mujer de otro. Y yo me crezco cuando el marido está delante o mirando desde lejos. Entonces demuestro que soy un macho digno de su esposa y que la doy un placer que para él es impensable.
            Esto es lo que tiene ser un buen macho, un buen corneador.